¡Volvemos al teléfono! Ah, pero en esta ocasión es de color negro, y el contraste sobre el blanco amarillento del semen es mucho mejor. Observemos la limpieza previa del aparato:

Qué placer derramar nuestro líquido sobre la superficie impoluta de un instrumento electrónico. La frialdad de la tecnología en contraste con la calentura de nuestros testículos.
Una sacudida, y...

Nítidas gotas en el auricular, que al día siguiente amaneceá pegajoso para las manos que se acerquen a él. Llamadas sementales!



